En este post me voy a referir tanto a la primera como a la segunda entrega de “It”. Pero más importante aún, te voy a hablar de cómo Pennywise no es un payaso terrorífico de cuento. De cómo, en realidad, todos le conocemos.

En la primera entrega de la película nos encontramos con un payaso de feria que se dedicaba a devorar a los niños de un determinado pueblo. Sin embargo, en un momento dado decidió saborear al infante equivocado, y se encontró con un hermano mayor y un pequeño grupo de amigos (autodenominado como los perdedores) que le decidieron indagar en su existencia para buscar justicia y la seguridad de los habitantes de Derry.

Stephen King y los productores del filme nos presentaron a este personaje como un ser aterrador con la capacidad de mutarse hasta convertirse en la representación de tus mayores miedos. Un ser que solamente algunos niños, los atacados, son capaces de ver. Un ser que, en realidad, no existe.

La gran leccióN DE “IT”: la mejor manera de volver a alguien más pequeño, es hacerle creer que lo es.

Ahora, te voy a dar algunos datos de Pennywise, para ver si lo reconoces. Porque, a pesar de no vivir en Derry, seguramente tú también te has enfrentado a él.

Este payaso se alimenta del miedo. Aprende a identificar aquello capaz de dejarte en vela toda la noche, y te ataca en tus momentos más vulnerables. Te aísla para que nadie pueda ayudarte a vencerlo. Pennywise hace uso de ese terror individual que todos tenemos (a los payasos, la soledad o la oscuridad, por ejemplo) para atemorizarnos, limitarnos y destruirnos.

¿Y sabes qué es lo delirante del asunto? Que Pennywise, en realidad, no existe. Es un producto de nuestra imaginación al que si no alimentamos, se muere.

No sé a qué le temes tú, así que te voy a poner el ejemplo de otra persona. Vamos a llamarle Lora.

A Lora le aterra la soledad. Está acostumbrada a que su entorno le diga o le insinúe que no vale nada, y ella misma siente que nadie le quiere. ¿Cómo crees que It se acercará a ella? Le susurrará, incansablemente, que, efectivamente, nadie le quiere. Que la gente a su alrededor tan solo le tolera y que va a morir sola. Luego le prometerá que si se acerca a él, le hará compañía. Que él sí le entiende. Y ahora, cuando ella se acerque, le devorará.

¿Pero que pasaría si Pennywise se acercase a mí con ese cuento? A mí me gusta la soledad, sé que tengo personas que me adoran (de hecho, yo soy una de ellas), y no tengo intención de acercarme a alguien que me veje. Donde yo veo un espacio de tranquilidad conmigo misma, Lora ve angustia, abandono y vacío sentimental. Es decir, Pennywise, aquel que tuvo la capacidad y el poder para acabar con Lora, para mí no existe. Sin embargo, yo sí tengo otros miedos. Miedos de los que el payaso se aprovecharía para materializarse.

¿No te parece ahora que ese payaso terrorífico y bailarín sí existe, más allá de un libro o de un par de películas? Y, peor aún, ¿no crees que Pennywise, en realidad, no se limita a devorar niños, sino que cada habitante del mundo puede ser su víctima?

Hablemos de It 2. Aunque hubo escenas que me parecieron asquerosas y en las que corrí el riesgo de hacer un “Richie” (me entenderás cuando la veas, jaja), también había otras muy divertidas.

Comienza con un episodio innecesariamente violento, pero a partir de ahí, se convierte en una de las mejores películas de terror que he visto.

Al principio va introduciendo el reencuentro de los personajes (tras 27 años, me costó horrores ubicar a los protagonistas), y es durante esta misma introducción cuando comienzan los hechos escalofriantes.

En algunos casos, los patrones se repiten, demostrando que no es tan fácil romper con el pasado. El inicio de esta película es crudo, oscuro y deprimente, pero el resto está lleno de mensajes que lo definen como algo más que una película de terror. Algo como un filme de autoayuda.

Esta es una cinta sobre el dolor, la locura y el incesante retorno de nuestros temores más profundos. Esos que creías enterrados en el pasado, pero que realmente nunca te han abandonado, sino que han quedado latentes, a la espera de poder abordarte y manipularte en el momento más adecuado. Una vez más, son miedos que solamente tú ves. Que únicamente te atacan a ti.

Es un film de cómo la destrucción (la autodestrucción, en realidad) aguarda en lo más recóndito y oscuro de nuestra mente, de nuestro ser. Allí donde no dejamos pasar a nadie. Donde echamos tierra para esconder nuestros más férreos temores. Y es allí donde ellos echan raíces y nos gobiernan, como si fueran nuestros titiriteros. Hasta el momento en el que encontramos la osadía y la valentía necesarias para enfrentarnos a ellos y romper las cuerdas.

Así que recuerda: en la vida real, Pennywise no se esconde bajo un disfraz de payaso o detrás de un globo. En nuestra vida diaria, Pennywise reside en nuestro interior. Con los dientes afilados. Aguardando el mejor momento para devorarnos. Y solo nosotr@s podemos acabar con él.

One thought on “ It, eso inexistente que nos destruye ”

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