En la entrevista Tricia nos ha comentado que este libro ha sido una vía liberarse de sus propios miedos. Y personalmente, opino que a tod@s nosotr@s nos representa, en cierto grado, una de las hermanas (o varias de ellas), y tan solo necesitamos un pequeño trabajo de reflexión e introspección para aprender con ellas.

En la reseña de El final del camino ya os he contado que el libro es una especie de exposición sobre las distintas maneras en las que nos enfrentamos a nuestras inseguridades, no solamente respecto al amor, sino ante la propia vida. El miedo al rechazo, a entregarnos “demasiado”, a perder el rumbo… son cuestiones que nos hacen tener ciertas actuaciones que más adelante nos reprochamos.

En este sentido, aunque me parece que sería interesante analizar las hazañas de las tres hermanas, he resuelto centrarme en Violeta, puesto que se me ha antojado el personaje más perdido de la historia.

Violeta es una mujer fuerte y aparentemente atrevida que ha decidido dar a los hombres exactamente el mismo trato que tanto le aterra que le den a ella.

En el pasado le rompieron el corazón, y como no se siente preparada para asumir el riesgo de volver a sufrir, ha optado por enfriarse y limitarse a vivir en un bucle de sexo y trabajo.

Sin embargo, según las páginas van pasando, descubre que no merece la pena estar en el mundo para quedarnos al margen, que los sentimientos nos acompañan a todas partes, y que debemos prestarles atención.

Cuando nos escondemos de la pena

¿Y por qué digo que me parece una persona perdida? Porque está tan convencida de que despreciar a los hombres significa llevar el control… que se ha olvidado de los beneficios de sentir.

Sus acciones las mueven el miedo a ser despreciada, a no ser suficiente para mantener el interés de otra persona. Ha permitido (y no le critico, a veces es complicado enfrentar las situaciones) que alguien que le dañó, y que posiblemente no ha vuelto a pensar en ella, siga dirigiéndole desde la sombra.

Es decir, en lugar de buscar la felicidad, Violeta huye de la infelicidad y del dolor.

¿Por qué reaccionamos así?

Después podemos ver como cae en una contradicción, y se vuelve a entregar a aquello que tanto perjuicio le ha causado. ¿Por qué? Creo que porque se ha pasado meses convenciéndose de que él es el responsable de su desgracia, en lugar de ahondar en sus propias sensaciones y tratar de descubrir por qué le ha afectado tan intensamente.

Y esa es la razón por la que estoy tan conforme con quienes dicen que antes de tener pareja, es recomendable que aprendamos a cultivar nuestro amor propio.

Porque considero que nuestra labor más importante es conocernos, aceptarnos y querernos. Saber que aunque el resto del mundo nos falle, nosotr@s siempre lo haremos lo mejor posible y nos mantendremos leales a nuestra propia persona.

Pienso que solamente una vez que nos amamos intensa y sanamente, estamos capacitad@s para compartir ese amor con una pareja. Porque ya no depositaremos en él/ella el peso de nuestra felicidad, sino que le amaremos desde el respeto mutuo a la independencia y la libertad. Y además, habremos aprendido a no aceptar en nuestra vida a nadie que no nos valore debidamente y nos aporte todo lo que deseamos.

La verdad es que podría pasarme horas hablando de amor , superación y temas varios, pero creo que prefiero dejarte con estas reflexiones: ¿qué es la felicidad para ti? ¿Crees que diriges tu propios actos, o que tus inseguridades te gobiernan?

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