Hoy reinauguramos el blog con una nueva entrega de Escaparate Anónimo, esta vez de la mano de Manu Ibáñez, un periodista de 32 años que, influenciado por Allan Poe, decidió dar el paso de publicar Lo que pueda contaros, su libro de oscuros relatos breves (del que hablaremos próximamente). Yo le descubrí en su perfil de Instagram, donde escribe sobre la vida, el arte, el fútbol… y enseguida me atrajo el carácter profundo y poético de sus reflexiones.

¿A qué aspiras en la vida?

A la vida le pido que me ofrezca el mayor número de experiencias posible. Aspiro a que mi vida no sea un mero trámite, a que quede algo de mí cuando yo ya no esté. Por eso seguramente escribo, para perpetuarme en cierto sentido.

¿Cuáles son tus sueños?

Sueño cumplido: publicar un libro, ganarme la vida contando cosas. Por cumplir, ganarme la vida contando lo que quiera contar.

¿Qué te hace único?

Todo el mundo es único, eso es una perogrullada, pero no todo el mundo es consciente de ello. Ser único no tiene que significar ser mejor que nadie. A mí me hacen único mis experiencias, que nadie volverá a vivir de la misma forma en la que yo lo hice.

¿Cómo te llevas contigo mismo?

Depende de cómo me despierte cada día. Hubo un tiempo en el que, en este sentido, me afectaba la idea que de mí tuvieran los demás, pero hace mucho que dejé de cometer ese error.

¿Cómo ves el mundo?

Vertiginoso.

¿Los valores más importantes?

Honestidad, esfuerzo y osadía. Para mí, en una persona lo más importante es que vaya de cara.

<<Cuando alguien parte de un lugar sabiendo que nunca regresará, no sólo se separa de este, sino también de una fracción de su yo con la que tampoco volverá a reencontrarse>>.

¿Dónde te ha resultado más difícil abandonar una parte de ti mismo?

Eso lo escribí hace poco, y me refería al piso en el que viví en Jaén desde mayo de 2019 hasta el pasado septiembre, así que ese es uno de esos lugares. También me pasó algo parecido con el piso en el que viví en Madrid durante casi dos años. Y repito que me refiero a los pisos, no Jaén ni Madrid. En Jaén sigo viviendo y a Madrid he vuelto y volveré, así que es fácil recuperar las sensaciones que me despertaba una calle, un parque o un rincón concreto, pero hay sitios a los que ya no puedo regresar -bares que han cerrado, la casa en la que viví…- y en los que se quedó una parte de mí con la que tampoco volveré a reencontrarme. En cuanto a las personas, creo que no he perdido el contacto con nadie que me importe, aunque a veces sea a cuentagotas. No obstante, hace algo más de un año perdí a mi abuelo, y aunque ya apenas recordaba caras y nombres desde hacía bastante tiempo, cuando murió y empezamos a recoger lo que había en sus cajones y su armario, encontré cosas que me hicieron recordar cómo éramos él y yo en el pasado, algo que casi había olvidado.

¿Cuál es el mejor regalo que te pueden hacer?

Siempre me han dicho que me conformo con muy poco, y es cierto, resulta muy fácil hacerme feliz. Me basta comer algo que me gusta, echar una cerveza y las que vengan con los amigos de siempre, ir al cine los domingos por la tarde, ver una película de terror en una noche de tormenta… Así que mi mejor regalo sería poder seguir disfrutando de esos pequeños momentos.

¿Dónde te gustaría vivir?

Pienso en Granada, inevitablemente, aunque es verdad que siempre he dicho que me gustaría vivir en el campo, a pesar de que me siento cómodo en el vértigo que provoca el ritmo urbano. Me encantaría probar en alguna aldea de la Sierra de Segura, aquí en la provincia de Jaén, un lugar a veces ninguneado y que está por descubrir.

¿Cuál es el mayor fallo de nuestra sociedad?

Supongo que el mayor fallo es su tendencia a la despersonalización. Se premia mucho más todo cuanto encaja en un esquema preestablecido que lo que destaca por ser diferente. También creo que la filosofía buenista hace más daño que bien. El mayor acierto es que contamos, pese a lo anterior, con las herramientas suficientes para combatirlo.

¿Qué le falta a la vida para ser mejor?

Depende de cada uno, creo que sería un poco pretencioso decir yo qué falta en la vida de la gente. A la mía, sentirme realizado al cien por cien en lo profesional. Tengo a mi lado a quien quiero de verdad.

Si tuvieras la oportunidad de cambiar un único problema social o político, ¿por cuál te decantarías?

El reparto de la riqueza. No digo que una persona no pueda enriquecerse si sabe aprovechar sus habilidades y sus conocimientos, pero un reparto más justo de la riqueza, de base, permitiría que todos partiéramos con las mismas posibilidades de éxito y realización, aunque sean estos conceptos relativos.

¿Qué desearías que la gente sintiera al oír tu nombre?

En cuanto a lo que escribo, que alguno de mis textos haya invitado a la reflexión. En cuanto a lo personal, me conformo con que la gente sonría al pensar en mí, que tenga algún buen recuerdo conmigo, haber dejado cierto poso en algún sentido.

¿Cuál es la conversación más inspiradora que has tenido?

Más que una muy inspiradora y significativa, recuerdo muchas a priori triviales, pero de las que he aprendido bastante. A veces se subestima el poder y la influencia de lo cotidiano.

¿Cuál nunca has tenido pero te encantaría encontrar a alguien para tenerla?

Una conversación imposible: hablar sobre qué hay después de la muerte con alguien que lo sepa.

¿Cuál ha sido tu mejor viaje?

Tengo dos, uno a Ámsterdam y otro a Marruecos. Los motivos mejor me los guardo.

No estoy de acuerdo con aquello de que el fin justifica los medios. O, al menos, no siempre. Considero que un punto de egoísmo siempre es necesario para lograr cualquier objetivo que puedas fijarte, pero no se puede alcanzar una meta, sea cual sea, a costa de todo.

¿Tienes algún nuevo proyecto en mente?

Actualmente colaboro en un podcast (se puede escuchar en iVoox) interpretando diversos papeles para radioficciones y tengo un par de proyectos más pendientes en ese sentido. También escribo una suerte de diario en Facebook e Instagram en el que reflexiono sobre periodismo, escritura, tiempo, fútbol y otros asuntos. Quizás dé el paso de enviarlo a una editorial, pero cuando sienta que está terminado.

Sus inquietudes vitales, su mayor deseo, la persona y la obra que inspiraron su propio libro… reproduce sus respuestas.

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